SEMANA III – LUNES: Beato Michel Coquelet, o.m.i. (18.08.1931 – 20.04.1961)

coquelet-omi-editedNo puedo ocultaros que las cosas van muy mal en Laos. Personalmente, me encontraba tranquilo en mi aldea, aquí, no sospechaban nada de mí porque no había ido a Xieng Khouang desde hacía más de un mes.

Además me preparaba a subir, cuando hemos visto llegar algunos soldados, mujeres y niños que huían de la Llanura de las Jarras y de Xieng Khouang. Al sonido de un silbato se han detenido aquí para reagruparse. En una arrocera  hemos preparado un terreno donde pudiera posarse una avioneta para evacuar mujeres y niños hacia el sur. Y así, después de cuatro días la aldea se ha transformado en campamento militar.

Ignoro positivamente lo que sucede en el país, pero para mí pueden ver que no demasiado mal. La moral en cualquier caso es excelente: la mía y también la de la gente. Pasadas ya las primeras emociones, volvemos todos a nuestras pequeñas ocupaciones. Incluso los fugitivos no parecen hacer mucha bilis. Esperamos acontecimientos… Extraño país en todo caso. Pero por vuestra parte, no os preocupéis: el futuro está en las manos del Buen Dios.

 Última carta de Michel Coquelet a su familia,
6 de Enero de 1961

Semana II – Sábado: Beato Michel Coquelet, o.m.i. (18.08.1931 – 20.04.1961)

couqEstoy muy contento de mi primera Navidad en la selva. Fui a decir la misa de Medianoche en uno de nuestros “servicios”, a 1 h ½  de marcha, pero ¡qué marcha!

Primero hay que precipitarse durante tres cuartos de hora por una pendiente muy pronunciada, atravesar un gran torrente por medio de una especie de “puente de mono”, luego volver a subir durante otros tres cuartos de hora por un costado también escarpado. Caminar así, bajo un hermoso cielo azul y un sol radiante, en un bosque lleno de hojas e incluso flores, ¡me ha costado darme cuenta de que estábamos a 24 de Diciembre!

En la aldea oí las confesiones (en laosiano, lengua que los adultos conocen suficientemente bien, aunque no sea la suya). Tras la oración de la tarde en común, algunos niños me hicieron compañía hasta la Misa de Medianoche.

A medianoche casi todo el pueblo estaba allí, apretujado en torno a la pequeña iglesia de barro y bambú. Muchos volvieron para la Misa de la Aurora. Después tuve aún que cuidar a los enfermos; nunca faltan, desde las pequeñas lesiones hasta las altas fiebres, y es a veces embarazoso, ¡con la escasez de medicamentos y la poca ciencia médica que uno posee!

Carta de Michel Coquelet a su familia,
28 de Diciembre de 1957

Semana II – Viernes: Beato Louis Leroy, o.m.i. (8.10.1923 – 18.04.1961)

ban-phaEn Ban Pha, donde se encontraba el Padre Leroy, hay ya una clara persecución religiosa. La gente está aterrorizada, deben esconderse para poder rezar. La iglesia y la casa de los padres fueron saqueadas sistemáticamente… El Padre Leroy fue registrado, puesto completamente desnudo delante de todos. Había tenido un descanso de un cuarto de hora que había pasado de rodillas ante el Santísimo Sacramento, después había seguido a los soldados que pretendían que su comandante le requería: en sotana, cruz en la cintura, breviario bajo el brazo, a pie desnudo y con la cabeza descubierta. Le conducen a un bosque. La gente oye unos disparos, y ahora hay una tumba recién escavada…

Los Padres Leroy y Coquelet eran probablemente los mejores religiosos de la comunidad: la humildad, celo, piedad y el ardor puestos en el estudio de la lengua compensaban con creces la lentitud intelectual de uno (vocación muy tardía – agricultor normando), y la timidez del segundo.

En cambio, uno y otro eran capaces de permanecer durante horas enteras en la iglesia… Sus amigos han venido ya varias veces, a pesar del peligro, para obtener noticias de ellos. Pero no les hemos podido dar ninguna.

Cartas de Henri Delcros a su familia sobre Louis Leroy, 17 de Mayo y 2 de Junio de 1961
(Foto: la Misión de Ban Pha)

SEMANA II – JUEVES: Beato Louis Leroy, o.m.i. (8.10.1923-18.04.1961)

leroy-omi-4-a-xieng-khouang-1957-1960Los meses precedentes, me ha sucedido tener que pasar una noche en pueblos paganos para tratar de darles a conocer nuestra religión.

Pero al menos aparentemente, lo que les he dicho no parecía interesarles mucho. Es el deber de los misioneros el predicar, sin embargo, se percibe rápidamente que sólo la Gracia todopoderosa de Dios puede convertir un alma.

Después de dos meses he viajado muchísimo, estoy solo para un sector que cuenta con seis pueblos, cada uno con su capilla en la que el culto está asegurado; y para ciertas aldeas, sólo para la ida hacen falta cinco horas de marcha, con la mochila a la espalda, por pistas con subidas y bajadas muy acentuadas.

Además, llevamos dos cargas, ya que además de nuestro trabajo apostólico, debemos curar a los enfermos; a veces sucede que, una vez terminada la misa, tenemos que dar cuidados de todo tipo durante dos horas. ¡Qué felices seremos el día que haya doctores en la región! Pero creo que ese día aún queda bien lejos. Algunos días, tenemos más de lo que podemos hacer, pero estamos siempre contentos de haber trabajado para el Buen Dios.

Carta de Louis Leroy a los carmelitas de Limoges,
14 de Febrero de 1959

Semana II – Miércoles: Beato Louis Leroy, o.m.i. (8.10.1923 – 18.04.1961)

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Entre los cristianos, tenemos aquellos que viven su cristianismo profundamente y que estarían dispuestos a verter su sangre, si fuera necesario, para confesar su fe. Un cristiano ya avanzado en edad, bautizado desde hace tres años, decía al padre: cuanto estoy solo en la pista, rezo mi rosario para obtener para los cristianos la gracia de resistir a los comunistas si vienen a invadir nuestro país. Al lado de estos bellos ejemplos, hay otros menos hermosos, la debilidad de la naturaleza humana aparece en todas partes, el pecado original ha invadido a toda la humanidad; es fácil de constatar en cualquier parte donde nos encontremos.

Recientemente una propaganda comunista había hecho circular el rumor de que en menos de un año todos los padres habrían vuelto a Francia, los cristianos serían abandonados a su suerte, y cuantos quisieran ser católicos no podrían serlo en condiciones razonables. Esta propaganda había logrado inquietar algunos espíritus que declararon: en ese caso, más vale esperar para entrar en la religión. Al mismo tiempo teníamos la alegría de ver cómo nos solicitaban desde numerosos pueblos. ¡Ojalá la solicitud sea sincera!

Cartas de Louis Leroy a los carmelitas de Limoges,
2 de Marzo y 13 de Noviembre de 1956

SEMANA II – MARTES: Beato Louis Leroy, o.m.i. (8.10.1923 – 18.04.1961)

leroy-omi-2¿Mis impresiones sobre Laos? Estoy encantado de mi obediencia, muy feliz de haber llegado a esta región y no tengo más que un deseo: trabajar toda mi vida y, si el Buen Dios así lo desea, morir aquí. Es una misión en el sentido estricto de la palabra, misión difícil, en el que el padre debe vivir aislado, realizar días enteros de penosa marcha  para visitar a la gente, contentándose cuando está en la pista con una comida frugal y preparada poco higiénicamente. La gente – todas las razas que había en la región – es simpática. Por desgracia, varios, podríamos decir la mayoría, no parece tener prisa por convertirse…

¿Qué nos depara el futuro? Los Viet atacarán algún día? No sabemos nada de seguro, actuamos como si la paz fuera a durar…

Por mi parte, cuento con ustedes, oren por mí, para que logre un buen conocimiento de la lengua – aún me queda mucho. Y luego, ¡qué gran necesidad de la gracia para entregarse del todo a esta gente, ¡vencer la repugnancia que producen la falta de higiene y limpieza! Si nos faltara la gracia, no aguantaríamos mucho.

Carta de Louis Leroy a los carmelitas de Limoges,
29 de Enero de 1956

 

 

Semana II – Lunes:   Beato Catequista Pablo Thoj Xyooj (1941 – 01.05.1960)  

thoj-xyoojUna mañana salí a cazar al bosque equipado con mi ballesta. De repente oí hablar y gritar muy fuerte. Me escondí en la vegetación. Vi por el sendero un grupo de hombres armados. Llevaban a dos personas con las manos atadas por detrás de la espalda – reconocí al Padre y al joven Xyooj. Se detuvieron, les quitaron a los des prisioneros la camisa y les obligaron a arrodillarse. Les golpearon con la culata del fusil mientras, de pie, les gritaban fuertemente.

El Padre permanecía en silencio. Xyooj, que hablaba y les respondía, era golpeado cada vez más fuerte con la culata en la cabeza, las orejas y en todo el cuerpo, hasta el punto de que por todas partes le corría la sangre. Un hombre le gritó: “¡Vete deprisa!”, pero él respondió: “No, no me voy, me quedo con el Padre. Si me voy, él viene conmigo; ¡si él no se va, me quedo con él!” Otro gritaba: “Tú eres responsable de haber querido traer a este diablo y de haber convertido en una jornada a más de 10  familias para que le siguieran.”

Después oí a Xyooj rezar en Hmong: “¡Oh Dios!, protégenos y protege nuestro destino; tú les ves y ves lo que hacen.”

Testimonio ocular de un joven
sobre la muerte de Pablo Thoj Xyooj