Semana I – Martes: Beato Juan-Bautista Malo, m.e.p. (02.06.1899 – 28.03.1954)

La cordillera Annamita se alza ante los prisioneros. Comienza ahora el auténtico calvario. Hay que cruzar las montañas con nuestros dos enfermos, subir los empinados senderos, escalar las rocas, subir por las escalas que cuelgan de las paredes verticales, pisándole los talones un guardia que se burla de nuestra penuria. El P. Malo clama clemencia. En vano. Ya no puede más.

malo-mep-1-1934« Dios mío, ven en mi auxilio », solloza, a punto de caer al vacío. Está ya condenado. El 19 de Marzo, San José nos introduce en el Vietnam “liberado”. Un año, día a día, en el que el P. Malo, sobreviviente de China, ¡ha llegado a Laos! Está cada vez más débil, le duele todo el cuerpo ya agotado. Su abandono en Dios es edificante: “Sí, sí, sí”, repite sin cesar, “sí, Dios mío, ¡lo que tú quieras!” Pero es el gran combate y él se siente abandonado por el Padre – el discípulo como el Maestro. Pide por los que ama, también por sus enemigos.

El 26 de Marzo a las 7 de la tarde, tras una agonía propia de un santo, Juan Bautista Malo duerme la muerte del justo, la muerte del pobre en la indigencia y el exilio, la hermosa muerte de mártir oscuro, en línea con su vida, una vida de cazado, de perseguido por Cristo en China, en Laos, en Vietnam.

Testimonio de Louis Mainier sobre Jean-Baptiste Malo,
en el Boletín MEP 28, 1955

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