SEMANA V – SÁBADO: Beato Luc Sy, catequista, y Beato Maisam Phô Inpèng, laicos, padres de familia

newLuc Sy era catequista y cumplía bien su misión. Cada mes hacía un informe. Anotaba todo: oraciones, cuidados y visitas a los enfermos, comunión de enfermos, bautismo de niños, matrimonios, finanzas. Trabajaba en las montañas, en las zonas “calientes”. Amaba a los otros, era un hombre dado a compartir, un hombre muy servicial. No hacía distinción entre cristianos y no cristianos. La jornada que pasamos juntos la víspera de su muerte, la pasó entera en oración, desde la mañana hasta la noche sin interrupción. Por la tarde, cuando le encontré me dijo: “Ahora, estoy preparado.”

Phô Inpèng era un recién convertido, que había sido capitán del ejército antes de ser cristiano. Su familia era una familia de refugiados. Era un jefe, se encargaba de la organización de la pequeña comunidad cristiana. Luc Sy se ocupaba más del aspecto litúrgico, de la marcha de la comunidad. Yo confiaba plenamente en él. Ciertamente tenía el amor de Dios y el orgullo de ser cristiano y católico. Se presentó voluntario para acompañarnos, a Luc Sy y a mí, en el momento de la emboscada en el que los dos fueron asesinados.

 Testimonio ocular de un diácono, hoy obispo,
sobre Luc Sy y Phô Inpèng

Anuncios

SEMANA V – VIERNES Beato José Boissel, o.m.i. (20.12.1909 – 05.07.1969)

boissel-omijkjk-1969¿Quién dice que los Padres son extranjeros? ¿Quién dice que los Padres no son buenos? ¿Quién dice que nosotros somos traidores porque confesamos la religión de los Padres? El Padre Boissel está ahí, ahora, tendido muerto delante de nosotros. Su vida es la respuesta a nuestras preguntas y a nuestra fe. Si él no es bueno, ¿por qué el cielo no le alcanzó con un rayo, la peste no acabó con él? ¿Por qué se movía con impaciencia y solicitud para acudir junto a sus hijos en la aldea de Hat-I-Et? Era sólo la solicitud por sus hijos, a los que amaba, la que le llevaba hasta ellos, sin pensar en su sangre, su carne, su vida.

Ustedes los notables, los maestros que han conocido y frecuentado al Padre Boissel, sepan y recuerden que él era un hombre bueno, generoso con la gente, con los indigentes. Aunque fuera un hombre directo con las palabras y que “estornudaba fuerte”, recuerden su bondad, que construyó en todo lugar por donde pasó. “La tierra que cubre el rostro durante quinientos años no puede hacer olvidar el amor”, dice el poeta, porque el Padre Boissel era un ejemplo, una fuente del amor de Cristo por nosotros. Ni la lluvia que cae ni las aguas que braman podrán borrar el vivo color rojo de la sangre del Padre Boissel, que ha marcado esta tierra lao.

 Homilía del Padre Pierre Douangdi
por los funerales de José Boissel, 8 de Julio de 1969

SEMANA V – JUEVES: Beato Thomas Khampheuane, alumno catequista (05.1952 – 12.05.1968)

khampheuane-fhjfhMi hijo Thomas Khampheuane, nacido en Mayo de 1952, fue asesinado en una emboscada al mismo tiempo que el Padre Lucien Galan, el 12 de Mayo de 1968. Una bala en la cabeza: murió en el acto. Junto a otro adolescente, acompañaba al Padre, que debía anunciar la fe cristiana y decir la misa en una aldea de la montaña. La guerrilla había prohibido de circular y no quería sacerdotes; detestaban a los sacerdotes y la fe cristiana.

Fue un shock terrible para mi familia. Mi mujer murió de pena. Yo también estaba muy afectado, desde entonces ya no pude enseñar el catecismo. El obispo vino a vernos; nos ofrecía una suma para compensar un poco nuestra pérdida. Nos faltaban las palabras, pero dijimos que no, porque para nosotros era claro que nuestro hijo había muerto por Jesús.

A pesar de nuestra pena, mi mujer, mi hija y yo estábamos de acuerdo en una cosa, en el sentido de la muerte de Thomas: había dado su vida por Cristo. La gente nos decía: vuestro hijo tiene suerte, ha muerto con el sacerdote y ciertamente irá con él al Cielo. También nosotros lo creemos. Si un día la Iglesia le declara mártir y santa, mi familia será muy feliz.

 Testimonio del padre de Thomas Khampheuane,
muerto mártir a los 16 años

SEMANA V – MIÉRCOLES: Beato Lucien Galan, m.e.p. (09.12.1921 – 12.05.1968)

galan-rfgdLa paz es la que nos falta aquí, siempre la guerra, no muy letal, pero extrañamente molesta. Hay que estar siempre en guardia, armarse de paciencia y prudencia. El apostolado se resiente. Sin embargo, si buscamos encontramos almas de buena voluntad que buscan la verdad; pero no podemos hacer por ellas todo lo que querríamos. De todos modos no podemos quejarnos demasiado; la situación podría ser mucho peor. Aún podemos “misionar” y hasta recoger frutos, quizás no muy abundantes, pero los suficientes para creer que no trabajamos en balde. A pesar de todo esperamos días mejores. “No temas, pequeño rebaño, yo he vencido al mundo”.

Sigo en zona peligrosa, rodeado de minas. La selva poblada de tigres y serpientes no es peligrosa, pero cuando a los hombres se les mete en la cabeza la idea de jugar a la guerra entonces sí se hace peligrosa y es siempre el inocente quien sufre. Me limito en mis rondas apostólicas y en toda salida. Iré a pasar la Navidad a una zona supuestamente liberada; será necesario cruzar la cortina de minas.

 Cartas de Lucien Galan a un amigo sacerdote,
12 de Septiembre de 1961 y 16 de Diciembre de 1962

SEMANA V – MARTES: Cinco Mártires Oblatos (1961-1969)

lkjEncontré a los PP. José Boissel, Vicente L’Hénoret, Juan Wauthier, luego a los Padres Leroy y Coquelet: fueron, todos, admirables misioneros, dispuestos a cualquier sacrificio, viviendo muy pobremente, con una devoción sin límite.

En este período turbulento, teníamos todos, cada uno más o menos, el deseo del martirio, de “entregar toda la vida por Cristo”. No teníamos miedo de exponer nuestras vidas ni de aventurarnos en las zonas llamadas peligrosas. El equipo misionero de Laos estaba profundamente unido entre sí y como soldado en torno a su obispo.

Teníamos todos la preocupación de ir hacia los más pobres, de visitar las aldeas, de curar a los enfermos, y sobre todo de anunciar el Evangelio. Todos nuestros Padres asesinados vivieron profundamente su vida religiosa y misionera:

  • José Boissel era un hombre de gran corazón, de una sola pieza, con su franqueza, profundamente religioso, hombre de oración, fiel a las reuniones de distrito, muy agradable en comunidad.
  • Igualmente Juan Wauthier, hombre de acción, hábil con sus manos, buen organizador y generoso.
  • Los Padres Leroy y Coquelet eran muy piadosos y fieles a los ejercicios de piedad.
  • Vicente l’Hénoret, muy devoto, estaba muy cerca de la gente, buen religioso y muy fraterno en comunidad.

Doy gracias al Señor por haber podido vivir 24 años en la hermosa Misión de Laos, y de haber encontrado, de norte a sur de Laos, misioneros extraordinarios: los Oblatos en el norte y de las M.E.P en el sur.

José Pillain, o.m.i.,
Carta a Nicola Ferrara, o.m.i., 13.03.1999

SEMANA V – LUNES: Beato Juan Wauthier, o.m.i. (22.03.1926 – 16.12.1967)

225“Sucedió mientras visitaba un puñado de catecúmenos… porque siempre llevaba una mochila a la espalda.” Así era Juan Wauthier, a quien lloramos… su vida: es la del Evangelio; en el norte de Laos, en una región cerca de la frontera del Vietnam en guerra, el único sacerdote. Una gran parte de cada mes en una aldea de 800 cristianos, a menudo en una gira llena de peligros por la montaña. Como Jesús, pasa haciendo el bien.

 “Yo quiero ser como Él, dice, porque yo soy misionero; anunciarles a Cristo, ocuparse de toda su vida según sus necesidades.” Vive en medio de los suyos, se involucra en sus vidas.

 “Somos cristianos, trabajamos juntos, nos ayudamos todos”, dice. Sabía lo que le esperaba en esa región de pobreza e inseguridad. Ya había conocido el momento del pelotón de ejecución, del que fue salvado como por milagro. ¿Qué impresión? “No terrible, decía; uno se dice: ya está, es el momento de ofrecer mi vida por ellos.” El 17 de Diciembre pasado, a ocho días de Navidad, el sacrificio fue consumado.

Homilía de Mons. Henri Jenny
en la misa en memoria de Juan Wauthier, 27 de Diciembre de 1967

SEMANA V – DOMINGO: Beato Juan Wauthier, o.m.i. (22.03.1926 – 16.12.1967)

fuyiDesde hace tres años, estoy con los refugiados que tratan de esconderse. Han huido por millares durante la noche, bajo la lluvia, en la fría bruma de las cumbres. No llevan casi nada, sólo a los niños.

Prefieren vivir en la jungla, donde les falta de todo, pero libres. Hay momentos en los que la libertad es más necesaria que el arroz. Son 30.000, tal vez 40.000.

Mis padres no dicen nada. Lo aceptan. “Guardan estas cosas en sus corazones”, como todos los padres de misioneros. Esta es la razón, sin duda, de que sus hijos puedan ir tan lejos  a hacer algo. Las flores, los frutos brotan, pero las raíces están a miles de kilómetros de allí. Como sacerdote estoy solo. Pero aquí está todo el mundo.

A causa de la guerra, vivo muy cerca de ellos. Son ellos los que han hecho mi casa, exactamente como la de ellos: un rectángulo de 8×6 metros, suelo de tierra, techo de hojas, paredes de bambú… A menudo trabajo con ellos. Saben que les necesito para alimentarme, alojarme, protegerme llegado el caso. A cambio, cuando es necesario, yo soy enfermero, profesor, y trato de darles al Señor “cada vez más con más abundancia”.

 Entrevista de Juan Wauthier
para la revista
Famille Éducatrice, Noviembre de 1966